miércoles, 6 de julio de 2011


"La Naturaleza nos es revelada por quien va hacia ella, no como concienzudo observador, sino con plenitud de vida. Se entrega a este último para revelarse. Para un corazón desbordante la Naturaleza es algo más que una figura retórica. El canto del mirlo silvestre no es un trozo de ópera, no lo es tanto por la composición, como por los acentos, el tono, las medidas tiernas de una melodía inspirada por la mañana y el atardecer eternos. Calidad del canto y no de las notas. En el canto del peawai hay calor opresivo, pero en el mirlo, a
un cuando cante al mediodía, es la frescura fluyendo del seno de las fuentes. Tan sólo el mirlo nos habla de la riqueza y el vigor eterno de la selva. Todo el secreto de las cosas lo encierra el canto del pájaro, aunque la Naturaleza haya esperado la deuda de la estética para revelárselo al hombre. Cada vez que un hombre oye ese canto, es porque posee juventud y la Naturaleza está en su primavera. Un mundo nuevo se le ofrece, una tierra libre; las puertas del cielo se abren de par en par. El canto de casi todos los otros pájaros-cántico- ha sido la compañía de las alegres horas de mi vida, pero el trinar del mirlo me habla siempre de un éter más leve que el que respiro, de una belleza y de una fuerza inmortales. Vuelve más profundo el sentido de todas las cosas que evocan sus acentos. Canta para dar a los hombres ideas más claras y más elevadas. Canta para que reformen sus instituciones, para que pongan en libertad al esclavo de las plantaciones y al preso en los calabozos, al esclavo de la casa de placeres y al cautivo de sus bajos pensamientos. "
(Thoreau)

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